El aparato respiratorio forma parte de la función de nutrición, ya que gracias al oxígeno que incorporamos a nuestras células podemos generar la energía que necesitamos para vivir.
A través del aparato digestivo, como ya hemos visto, incorporamos a nuestro cuerpo los materiales necesarios para crecer y repararlo, además de la energía necesaria para todos los procesos que tienen lugar en él. Esta energía la encontramos en forma, principalmente, de
hidratos de carbono y grasas, pero para poder liberarla necesitamos
quemarlas. El proceso por el que quemamos los hidratos de carbono y las grasas se llama
metabolismo y, para realizarlo, necesitamos un gas muy importante: el
oxígeno. El metabolismo genera un gas que tenemos que expulsar al exterior, el
dióxido de carbono.
La respiración tiene lugar en dos momentos o
fases:
- Inspiración: es el momento en el que ensanchamos los pulmones utilizando los músculos que los rodean (intercostales y diafragma) para introducir el aire de la atmósfera en él. El oxígeno ingresado será captado por los alvéolos que lo introducirán en la sangre para que llegue a todas las células de nuestro cuerpo.
- Espiración: es el momento en el que estrechamos nuestros pulmones para eliminar de su interior, sobre todo, el dióxido de carbono resultante del metabolismo.
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